La voz de Santiago resonaba con fuerza.
—¡¿Qué día es hoy?! ¡Es Año Nuevo! ¿Y tú qué haces afuera? ¿Acaso nadie se queda en casa con su esposa?
Diego ya estaba vestido y listo, sin rastro alguno de la conducta animal de la noche anterior. Irene bajó las escaleras y escuchó a Diego decir:
—Tengo asuntos que atender, salgo un momento y regresaré por la tarde.
—¿Regresar por la tarde? ¿Por qué no te quedas afuera toda la noche? —Santiago estaba tan furioso que su barba temblaba—. Y pensar que yo te