Las marcas que dejó Diego habían desaparecido, y la piel de su cintura era tan impecable como la leche. Diego sentía que el deseo ardía en su interior; tragó saliva con dificultad y, usando toda su autodisciplina, logró contenerse y no lanzarse sobre ella.
Se consideraba un hombre de principios. Sin embargo, esta mujer lo despreciaba. Lo acusaba una y otra vez de estar en la cama con otras.
Al pensar en esto, la ira de Diego se encendió. Durante esos días, no se habían visto; cuando regresaba, I