Los otros prisioneros no parecían peligrosos. Sus rostros estaban marcados por el cansancio y la resignación. Dalton, con su naturaleza afable, no tardó en entablar conversación con uno de ellos.
—¿Por qué los trajeron aquí? —preguntó con genuina curiosidad.
—Por no pagar los impuestos —respondió un hombre de mediana edad con un dejo de sarcasmo.
Dalton frunció el ceño.
—No parecen criminales peligrosos…
—No lo somos —añadió otro—. Solo pobres.
—¿Entonces están esperando su juicio?
—Los juicios