POV Lanya
Atalya alzó la mano con intención de golpearme. Lo vi venir, no fue instinto, fue claridad pura. El aire entre nosotras se tensó como una cuerda a punto de romperse.
La detuve antes de que su mano tocara mi rostro. Sujeté su muñeca con firmeza.
—¡No me toques! —dije, con la voz helada—. No hice nada. Damiano Elizalde ya no significa nada para mí.
Sus ojos se abrieron con rabia, pero antes de que pudiera responder, la puerta se abrió de golpe.
Damiano entró.
Su presencia cambió el ambie