POV NINA
Me quité el vestido lentamente.
Mientras lo hacía, una lágrima cayó sobre la tela.
La limpié enseguida.
No.
No más lágrimas por Augusto Acosta.
Ya había llorado suficiente.
Cuando terminé, llamé a la empleada.
—Por favor, empaquételo.
Ella sonrió.
—Le queda precioso.
Yo también sonreí.
Aunque por dentro me sentía vacía.
—Gracias.
Era mi vestido de novia. Y estaba decidida a usarlo.
**
Al día siguiente regresé a la empresa.
La rutina era una bendición.
Me permitía pensar menos.
Sentir me