Al contrario de encontrarse enérgico para empezar el día laboral, Maximilian se sentía desanimado. Cuando entró a su oficina, la única cosa que quería era no hacer nada, ocupar su asiento y quedarse sin un solo pendiente por hacer. Pero entonces, entraron de nuevo esos pensamientos conflictivos.
Sabía que no podía simplemente quedarse cruzado de brazos; tenía que comenzar sus labores y no quería que los próximos días estuvieran saturados de trabajo.
La imagen de Amelia, su sonrisa nerviosa, su