Amelia se despertó sintiéndose completamente renovada. La noche anterior había logrado un descanso placentero, recuperando toda su energía. Por eso, esa mañana, se levantó con una vitalidad inusual. Se dirigió al baño para tomar una ducha, donde la cascada de agua la ayudó a relajarse aún más.
Al salir, se paró frente a su armario, indecisa entre dos atuendos para la oficina: un elegante traje de sastre gris marengo con finas rayas diplomáticas o un conjunto de falda lápiz negra de talle alto