—Amelia, ¿acaso te ha comido la lengua el ratón? No tengo todo el tiempo para esperar por tu respuesta. Te estoy preguntando quién te ha herido. Dímelo de una vez por todas.
Amelia, sabiendo que tenía que ser sincera, buscó en su cabeza las palabras idóneas para contestarle. Alarmada por la falta de valor, terminó construyendo una mentira a la que recurrió por temor a que, si revelaba la verdad absoluta, Maximilian estuviera en peligro por culpa de Marcus.
—Un robo —soltó entre repentinos sollo