Amelia despertó lentamente, sintiendo una confusión abrumadora. Había estado atrapada en un profundo sueño, un lugar donde el dolor y la angustia parecían haberse desvanecido. Sin embargo, al abrir los ojos, la intensa luz de la habitación la deslumbró y la trajo de vuelta a la dura realidad de su situación.
El dolor fue lo primero que la saludó. Un agudo y punzante malestar se extendía desde su abdomen, recordándole la herida que había recibido. Había pasado dos días en un estado de inconscien