A la mañana siguiente, la luz del sol se filtraba suavemente a través de las cortinas de la lujosa cocina, creando un ambiente cálido y acogedor. Amelia bajó las escaleras con un ligero temblor en su interior, aún sintiendo el eco de la revelación del día anterior. Se encontró con Marcus, quien ya estaba en la mesa, disfrutando de un café humeante y revisando unos papeles. Al verla, levantó la vista y le sonrió.
—Buenos días, Amelia. ¿Cómo te sientes hoy? —inquirió, su voz resonando con un to