El hombre llegó a su piso, cegado por la ira que lo dominaba. No podía evitar sentirse traicionado y como un perdedor. Odiaba con todo su corazón que ella se hubiera marchado con lo suyo, pero no quería buscarla; tenía la certeza de que ella regresaría suplicando a sus pies por una oportunidad. Con ese pensamiento arraigado en su mente, decidió no ordenar su búsqueda.
Laura se presentó en su campo de visión, con la expresión afectada y su semblante pálido como un papel. Era evidente que estaba