Confiada de que todo iría bien, Amelia se dirigió al hotel más lujoso a las afueras de la ciudad, planeando gastar a diestra y siniestra el dinero de ese cobarde. Se lo merecía por todo lo que había vivido a su lado. Lo llamaría su recompensa. Sí, eso haría.
Una elegante y amable trabajadora en la recepción la atendió. Amelia solicitó una habitación amplia y todo parecía ir bien hasta que la tarjeta fue rechazada.
—Lo siento, su tarjeta ha sido rechazada —anunció la recepcionista con una sonris