Sus miradas se encontraron, llenas de confusión. Ella, sin saber exactamente qué había ocurrido, aunque una ligera idea atravesó su mente revuelta. Él, por su parte, se incorporó como si nada y se aclaró la garganta.
—¿Por qué estás aquí? Yo...
—Estuviste ardiendo debido a la fiebre. Me ocupé de bajar tu temperatura y estuve toda la noche al pendiente. Estaba preocupado por el bebé —terminó diciendo, como si fuera necesario aclarar que solo había permanecido allí inquieto por el bienestar del p