Daniel miró la pantalla de su celular, el nombre de Natalia iluminándola mientras el teléfono vibraba en su mano. Sabía exactamente lo que ella quería, pero su mente estaba nublada por el remordimiento.
No se sentía listo para enfrentarla. Sin decir una palabra, colgó la llamada, apretando los labios mientras cerraba los ojos.
—Perdón, Natalia… de verdad, perdón.
Cuando volvió a abrir los ojos, había un nuevo mensaje de ella: “Tenemos que hablar”. Esas palabras, directas y contundentes, le p