La mujer impresionante descendió del escenario y se acercó a un sonriente Daniel, quien la recibió tomándola de las manos con una familiaridad que hizo que algo en el interior de Simón se contrajera.
Sintió un ardor en el estómago, un calor incómodo, ligado a la fascinación inexplicable que esa mujer rubia despertaba en él.
Se quedó observando el brillo elegante de los diamantes en sus orejas y el anillo de compromiso que llevaba en su mano. La joya en su estilizada mano era un destello impo