28. Quiero invitarte a cenar esta noche
El siguiente par de días no fue fácil para ninguno de los dos. Kat sentía que cada que cruzaban miradas o rozaban sus manos de forma involuntaria, chispeaban partículas de electricidad por todos lados.
El recuerdo de sus labios, sobre su piel, le tenían el juicio nublado, y apenas conseguía concentrarse con normalidad. Pero, si era honesta consigo misma, no se arrepentía, pues hacía mucho tiempo que no vivía la experiencia de la sexualidad y su ex marido era el primer y único hombre que sabía c