Desde que la noche del bar se repitió en sus casilleros, Ismael no había dejado de pensar en la misteriosa mujer que ahora tenía un rostro y un nombre claro.
La imagen de Sofía se repetía en su mente una y otra vez y no conseguía la manera de borrarla. Era su jefa y no quería líos amorosos en el hospital, pero parecía algo tan difícil de conseguir, cuando ella misma había dado pie para que todo se repitiera y esta vez no habían estado borrachos. Todo lo contrario. Había disfrutado plenamente d