La puerta se abrió y Regina se arrastró en el piso del calabozo, tratando de alejarse lo más posible de la persona que acababa de ingresar.
Las cadenas tiraron de su tobillo cuando llegó al sitio más apartado que le permitió, pero no era suficiente.
Alicia sonrió, tenía el arma en la mano y todo parecía indicar que la iba a matar.
¿Después de todo, qué se lo impedía?
Se había deshecho de su cómplice con mucha facilidad, lo lógico era que matarla no le representara mayor problema.
¿Tenía ca