Ahora Nicolás sabía que los atentados en contra de Regina eran serios y, además, no venían de la mano de cualquier matón de poca monta; se trataba de alguien con poder, alguien que estaba metiendo las manos en todo esto, incluso sobornando a la policía.
—¿Pero quién? —se preguntó, sin poder darle un rostro a esa interrogante.
Sintiéndose agitado y profundamente preocupado por la seguridad de su mujer, sacó su teléfono celular para contactarse con sus escoltas.
El mensaje con el reporte solicit