Regina encaró a Ismael con frustración al notar su ojo morado y sus labios hinchados después de la pelea.
¿Cómo se le había ocurrido armarle semejante escena?
¿Con qué derecho le reclamaba?
Esto simplemente no lo podía dejar pasar por alto.
—Ismael, no debiste hacer eso —habló con firmeza—. No debes hacer ese tipo de escenas. Tú y yo no somos nada. No tienes derecho a comportarte así. ¡No eres mi esposo! ¡No eres mi novio! ¡Eres solo un amigo! —espetó.
—¡La que está mal eres tú, Regina! ¡Se sup