La puerta del departamento se cerró y entonces todo explotó.
No lo podía creer. Se había marchado. No se había retractado de sus malditas palabras.
Alicia se quedó por un instante inmóvil, sintiendo su respiración agitada, los gritos aún atrapados en su garganta. Tenía tantas cosas que decir, tanto que reprochar.
Así que estalló.
Fue como un volcán en erupción.
—¡No puede ser! ¡No puede hacerme esto! —gritó con voz desgarrada. Sus manos se apretaron en puños y las uñas se clavaron en su palma s