Regina salió del edificio echando chispas.
«¿Esposo?», pensó sin poder entender cómo era que Nicolás se atrevía a referirse a sí mismo de semejante manera.
Él no era su esposo. Nunca lo fue en realidad.
Con la indignación, aun sacudiendo su cuerpo, abrió la puerta del auto. Ismael la recibió con una mirada preocupada al instante.
—¿Todo bien, o pasó algo?
—Todo bien —trató de ignorar el tema de Nicolás, pero parecía una misión imposible.
—Regina, es evidente que algo ocurre —la mano de Ismael a