Mónica Stirling giró lentamente la copa de vino entre sus dedos, observando atentamente cómo el líquido rojo se deslizaba contra el cristal con la misma parsimonia con la que había planificado la caída de la empresa.
—No se lo están poniendo fácil —continuó informando Suárez, su lacayo más fiel—. Cada solicitud que hace es ignorada, cada orden que dicta es cuestionada. En reuniones, nadie se esfuerza en ocultar el desprecio que sienten por ella. Hasta los asistentes la dejan esperando más de lo