Evangeline Lumière.
Cerré los ojos y esperé a sentir el golpe que me matara, pero jamás lo sentí. Moví mis manos y me asusté al sentir una superficie húmeda y un poco rasposa.
Abrí los ojos y me sorprendió ver donde estaba.
—No. Lo. Puedo. Creer...
Mire a mi alrededor y no podía creer lo que estaba viendo. Estaba en un parado, pero no cualquiera, es mi prado.
Antes de vivir en Miami vivíamos en Rusia. Recuerdo que era sumamente frio, pero hermoso. Caminábamos por el prado buscando un buen l