El trinar de las aves: Primera parte.
El aire de las montañas rodeaba el pequeño pueblo, llevando consigo el aroma a tierra mojada y el susurro de los pinos meciéndose suavemente con el viento. Áster se mantenía a distancia, oculto entre las sombras del bosque. Desde allí, observaba la casa donde Lucía vivía con Fausto y su hijo en camino. El frío de la madrugada le mordía la piel, pero el dolor interno era mucho más intenso que cualquier tormenta. Lo único que lo mantenía alejado era una fuerza que casi lo destrozaba por dentro: l