Diente de león: Décima parte.
La noche era oscura, casi opresiva, con el cielo cubierto de nubes que ocultaban la luna. El viento frío soplaba entre los árboles, arrastrando hojas secas por el suelo del bosque. A lo lejos, la silueta de la casa donde vivía Lucia se alzaba solitaria, rodeada por el silencio. Dentro, el calor del hogar contrastaba con la tempestad exterior, pero no había paz. Un aire de tensión invisible se sentía entre las paredes, como si el ambiente supiera lo que estaba por ocurrir antes de que sucediera.