El trinar de las aves: Segunda parte.
Era contradictorio su actuar, como si sus instintos o el cargo de conciencia pesaran más que cualquier decisión consciente que intentara tomar. Tal vez fue por eso que se quedó en el bosque, oculto entre las sombras de los árboles, observando a lo lejos cómo era la nueva vida de Lucía y su hijo Ferus.
El bosque era denso y vibrante, con una humedad constante que impregnaba el aire y el olor a tierra mojada flotaba en cada rincón. Los árboles se alzaban altos y gruesos, sus ramas entrelazándose