La noche cayó y el reloj siguió avanzando, pero Maximilian aún no había regresado a casa.
Isabella se aseguró de que su hija, Adeline, ya estuviera en su habitación antes de volver a la sala. Justo entonces escuchó el sonido de un auto entrando en el camino de entrada.
—Debe ser Maximilian… —murmuró con una leve sonrisa mientras se dirigía a abrir la puerta.
Efectivamente, era él.
—¿Por qué llegas tan tarde, Maximilian? —preguntó Isabella con suavidad.
Pero Maximilian no respondió. Simplemente