Mundo ficciónIniciar sesiónUnas horas más tarde, Isabella se despidió y se fue a casa.
Mientras caminaba por la calle silenciosa, sus pensamientos eran pesados, y su pecho se le oprimía con un dolor casi insoportable. Las lágrimas que había estado conteniendo comenzaron finalmente a caer, una tras otra.
Hizo señas para un taxi, pero antes de subir, su teléfo







