Isabella volvió a recostarse en la cama, cerrando los ojos mientras los recuerdos de su madre y su padre la invadían. Recordó los momentos de alegría y dificultad que habían enfrentado juntos, la calidez de sus risas y la fuerza de su vínculo. Su pecho dolía intensamente al pensarlo. Todavía no podía creerlo. Ese mismo día insoportable había llegado otra vez. Las lágrimas volvieron a correr por sus mejillas.
—Dios mío, ¿por qué sigues quitándome a las personas que amo? Sabes cuánto amaba a mis