67. Lo único que tengo
Después de la muerte de su abuela y su entierro, la casa se sintió más grande y más vacía que nunca.
Ya no le quedaba nada en ese lugar.
La pastelería que había construido con sus propias manos y mucho amor, ya no se sentía como un refugio.
Era solo un recuerdo de una vida que había intentado construir para olvidar.
Recordaba las risas de Mijaíl cuando le ayudaba a decorar pasteles, los clientes habituales que la saludaban con cariño. Ese pequeño local había sido su salvación. Gracias a él ha