15. Es una niña prodigio
Satarah estaba a punto de correr pero el vidrio del auto se bajó y se dio cuenta que se trataba del guardaespaldas rubio.
Embobada miró como el hombre se bajaba los lentes de sol para que lo mirara a los ojos.
—¿Estás bien, señora? ¿Quieres que te lleve a algún lugar?
Él arqueó una ceja esperando su respuesta y Satarah se acercó abriendo la puerta del copiloto e introduciéndose en el auto.
—Debería ir…
—En la parte trasera, lo sé. Nadie nos está viendo así que no creo que haya nada de malo en