Punto de vista de Sofía
Su camisa blanca abrazaba perfectamente su figura, con las mangas arremangadas revelando unos fuertes antebrazos. El sol captaba los destellos dorados en sus ojos oscuros, haciéndolos brillar mientras su mirada se fijaba en mí.
—¡Hola! ¿Qué haces aquí abajo? —lo saludé con una sonrisa, acelerando mi paso.
—Hola —respondió, con voz suave y cálida. Abrió ligeramente los brazos, y no dudé metirme en la comodidad de su abrazo familiar. Su aroma, una mezcla de cítricos frescos y madera, me envolvió, haciendo que mi corazón saltara un latido.
—Estaba a punto de subir —añadió, su voz un murmullo bajo cerca de mi oído.
—Vamos, subamos. Me muero de hambre —dije juguetonamente, agarrando su muñeca y tirando de él hacia la entrada.
Pero en lugar de seguirme, Alejandro plantó firmemente sus pies, jalándome hacia atrás. Mi respiración se entrecortó mientras tropezaba ligeramente, mi cuerpo chocando contra su pecho.
La repentina proximidad envió una descarga a través de mí. S