Punto de vista de Sofia
Me recosté en la bañera, dejando que el agua tibia acariciara mi piel mientras miraba fijamente al techo. El relajante aroma a lavanda llenaba el baño, pero mis pensamientos estaban lejos de ser tranquilos.
Dos semanas.
Dos semanas desde que Valentina había irrumpido en mi casa, furiosa con acusaciones y con el corazón roto. Dos semanas desde que Adrián había permanecido a mi lado, con su brazo alrededor de mi cintura, declarando que yo era la elegida. El recuerdo persistía en mi mente, nítido y surrealista.
La transformación de Adrián me desconcertaba. ¿Cómo podía ser este el mismo hombre que una vez había despreciado mi existencia? Y sin embargo ahí estaba, comportándose como el esposo perfecto: atento, considerado y persistente.
Había dejado claro que no se iría a ninguna parte, a pesar de mis repetidos intentos de recordarle que sus esfuerzos no cambiarían mi decisión. No teníamos futuro juntos, pero Adrián, terco como siempre, parecía convencido de que el t