Punto de vista de Alejandro
—Muy bien, entonces nos vemos esta noche —dijo Sofía suavemente antes de terminar la llamada.
Me quedé paralizado por un momento, mirando fijamente la pantalla oscura de mi teléfono mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro. Había dicho que sí. Por fin, había dicho que sí.
Sentí como si un peso que no me había dado cuenta que llevaba acabara de ser levantado de mi pecho. Había pasado todo el día repitiendo nuestra incómoda conversación de esta mañana, convenciéndome de que había arruinado cualquier oportunidad de verla nuevamente. Pero ahora, la esperanza florecía en mi pecho como la primera flor silvestre después de un duro invierno.
No podía dejar de sonreír, no con esa sonrisa pulida y encantadora que reservaba para las reuniones de negocios, sino con una genuina y estúpida sonrisa que me hacía sentir como un adolescente emocionado. Si mi equipo me viera ahora, probablemente se preguntarían qué me había pasado.
Deslicé mi teléfono en el bolsillo y me