Punto de vista de Adrián
Era última hora de la tarde, el sol comenzaba su descenso, proyectando largas sombras sobre la ciudad. Alrededor de las cinco, un golpe resonó en la puerta de mi oficina.
—Adelante —llamé, girándome para ver entrar a Mateo, su rostro habitualmente jovial ahora serio, casi con expresión de desaprobación.
—Hola, Mateo —lo saludé, intentando mantener un tono casual.
—Hola —respondió con voz tensa. Cerró la puerta tras él y se apoyó contra ella, cruzando los brazos—. ¿Qué está pasando entre tú y Valentina? —preguntó, elevando ligeramente la voz—. Los vi besándose en el restaurante hace unas horas. No me digas que sigues involucrado con ella.
—Bueno —dije, encogiéndome de hombros con indiferencia—, no hay nada nuevo en eso, ¿verdad? Todavía amo a Valentina. Sofía... Sofía es solo un acuerdo de negocios.
—Pensé que habías cerrado ese capítulo cuando te casaste con Sofía —dijo Mateo, con el ceño fruncido—. Creí que estabas intentando... hacer que las cosas funcionaran