Al oír su nombre salir de la boca de él, Lorena fue tomada por una rabia tan intensa que cerró los puños al instante. La expresión suave se deshizo, dando lugar a algo frío y perturbador, casi aterrador. Por un breve segundo, dejó escapar lo que realmente sentía, antes de recomponerse, como si nada hubiera ocurrido.
—No… —dijo apresurada, acercándose a la cama. —Soy yo, Lorena. Estás en el hospital. Fue todo muy grave, pero ahora estás a salvo.
Renato parpadeó varias veces, intentando enfocar.