Mientras él salía de la sala, Sara miró a Lorena y, enseguida, a Humberto, que no apartaba los ojos de ella. Aquello volvió a dejarla incómoda, sin saber cómo reaccionar ante esa exposición.
Lorena tragó su propio odio, forzando una expresión neutra mientras reprimía las ganas de reaccionar. Las manos se cerraron discretamente a los lados del cuerpo, las uñas presionaron la palma como forma de control. No dijo nada. Solo respiró hondo, recordándose a sí misma que debía mantener las apariencias,