Me di cuenta de que aquel gesto la avergonzó; aun así, no me importó en absoluto. Ella solo sostuvo la ropa e hizo ademán de salir de allí, pero la interrumpí de nuevo.
—Después de tirar eso a la basura, quiero que vayas a la ciudad y compres ropa para Sara —ordené, sin preocuparme lo más mínimo por el tono de mi voz.
Lorena me miró sorprendida, intentando entender el motivo de mi explosión.
—¿Q-qué tipo de ropa? —preguntó, asustada.
—No tiene nada que ponerse, así que trae todo lo que una muje