La médica movió el aparato con cuidado, observando la pantalla durante unos segundos antes de sonreír.
—Bueno… —dijo, con un tono alegre—. Ya se puede ver con bastante claridad. Están esperando un niño.
El silencio que siguió duró solo un segundo, pero pareció una eternidad.
Emocionada, Sara llevó la mano a la boca.
—Un niño… —susurró, aún intentando asimilar la idea.
A su lado, Renato no dijo nada, ya que no pudo. Sus ojos seguían fijos en la pantalla, pero, esta vez… estaban vidriosos.
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