Sara lo observó durante algunos segundos. Su rostro todavía estaba pálido y el hombro estaba inmovilizado con una venda provisional que los médicos habían colocado para evitar cualquier esfuerzo innecesario.
—Mi hijo… —murmuró ella, con la voz débil.
—Nuestro hijo está bien —respondió él de inmediato, enfatizando que el hijo también era suyo. —La enfermera dijo que los exámenes no mostraron ningún problema.
Ella cerró los ojos por un instante, visiblemente aliviada.
—Gracias a Dios…
El médico e