Sara Lemos.
Mientras retorcía sábanas enormes y gruesas entre las manos, no pude contener las lágrimas que caían de mis ojos. Ayer ya había sido el peor día de mi vida, y ahora el hoy se transformaba en una pesadilla. Ni siquiera tenía idea de dónde estaba, mucho menos de cuándo lograría salir de allí.
Todos a mi alrededor parecían estar en mi contra, como si yo fuera la villana de esta historia, cuando la única culpable de todo debía estar por ahí, en algún lugar, disfrutando de la vida con el