Algunos días después, allí estaba Sara en el cuarto que Alessandro le había cedido en aquel apartamento, mirando las maletas ya listas. En pocas horas, iría al aeropuerto, subiría a un avión y seguiría hacia otro país. Estaba nerviosa y no había logrado dormir bien, especialmente aquella noche. Su mente le advertía que tuviera cuidado, pero, como no veía ninguna salida frente a ella, simplemente seguía bailando al son de la música.
—El conductor ya vino a buscar las maletas —dijo Alessandro des