Sin embargo, yo no era un hombre que necesitara ayuda en relación con mi vida y, en consecuencia, con mi venganza. Sea lo que sea que mi madre estuviera planeando, no voy a permitir que siga adelante.
—Noté tu sonrisita, doña Constança —me burlé. —Sé que ya debes de estar calculando algo, pero quiero dejar clara una cosa: no quiero que te metas en mis asuntos. ¿Me estás escuchando?
Ella me miró, sorprendida, y la sonrisa murió lentamente en sus labios.
—Nunca quise entrometerme en tu vida, Rena