La expresión fría que se formó en el rostro de él hizo que Sara tragara saliva, dominada por el miedo. No entendió el motivo de aquella reacción tan inesperada.
—No fue nada —explicó, intentando sonar tranquila—. Fui yo quien me lastimé sola.
Pero, por la mirada de él, quedó claro que no parecía ni un poco satisfecho con la respuesta.
Renato se apartó un poco y encendió la luz de la habitación, iluminando todo el ambiente. En el mismo instante, volvió su atención al cuerpo de ella y a los peque