Sintiendo la mirada amenazante que él le lanzaba, Lorena ni siquiera esperó a que dijera algo más. Simplemente comenzó.
—Renato, puedo explicarlo —dijo, acercándose a la cama con la mirada asustada.
—No quiero tus explicaciones —respondió él de inmediato—. Sabes muy bien cómo soy. Si quieres vivir en la mentira, sigue adelante, pero no me involucres más en eso.
—¡Solo pensé en tu bien! —replicó ella, ya con los ojos llenos de lágrimas.
—¡Deja de decir que haces las cosas pensando en mí! —gritó