Volamos a Moscú y en lugar de estar en un hotel, nos quedamos en un apartamento por comodidad. Estaríamos casi dos semanas allí y desde el primer día tuve a Enzo dándo vueltas por la capital y por un montón de lugares que desde pequeña había querido visitar.
En navidad, la capital era preciosa y había un montón de lugares navideños a los que ir.
—No vas a patinar —me dijo cuando me pegué a la vaya de la pista de hielo.
—De todas formas no sé hacerlo.
Enzo me colocó mejor el gorro. Estábamo