Harper estaba en estado de shock. Su cerebro se había dividido en dos: una parte que vivía el horror, buscando desesperadamente una escapatoria o un refugio, y otra parte que observaba la escena, tratando de comprender qué estaba pasando. Y esas partes no se comunicaban entre sí.
Por eso Harper tardó en procesar las palabras de Mark.
—No te vas a librar de mí, perra. No me puedes cerrar la puerta en la cara si quiero verte.
Mark quería intimidarla, hacerle ver que no había nada que se le resist