—Harper, ¿qué tal te fue anoche con el magnate arrogante? —la voz de Mark sonó burlona al otro lado del teléfono—. Seguro que no tuviste tiempo de hablar mucho después de que me marchara.
Harper sintió un nudo en la garganta al reconocer su tono cuando contestó la llamada en su celular en la mitad de la jornada de trabajo de ese día. Había esperado que él no se enterara de su número, pero Vanessa debía de habérselo dado. Con un suspiro, contestó:
—Mark, no me molestes en el trabajo. Ni en casa