—Buenas noches—La voz de Harper sonó débil y nerviosa al llegar a los oídos de Black, que la esperaba en el umbral de su apartamento. El pasillo le había parecido interminable, como si caminara contra una corriente invisible que la frenaba. Con un gesto torpe, le ofreció la botella de vino que llevaba en la mano.
—Me gustó mucho el obsequio que me dejaste en el escritorio.
—Gracias —murmuró él, cogiéndola con suavidad—. Me alegra que te haya gustado el regalo.
Con un leve empujón, abrió la puer